El despertador sonó. Los ojos de Emma se abrieron sólo un poco y bostezó. Se quitó de encima las cobijas y se paró de la cama. Ya eran las 6. Bostezó de nuevo, estirando los brazos y arqueando la espalda.
Caminó hacia la ducha del dormitorio; tenía que llegar temprano y tenía que verse impecable, la bienvenida e introducción a la clase avanzada de vuelo era algo muy importante.
El muro opuesto a donde se encontraba la cama de Emma era una enorme consola táctil, que ocupaba un cuarto del muro completo. Le había llegado por su quinceavo cumpleaños, pero Emma no sabía quien se la había enviado.
De hecho, el dormitorio estaba casi ocupado en su totalidad por la cama, la consola, el clóset y un ventanal.
Emma se sentó en la cama, ya casi vestida, metió un pie a las largas y brillantes botas negras del uniforme; presionó el botón y las botas se ajustaron al contorno de sus pantorrillas, abrazando sus piernas firmemente pero sin fuerza excesiva.
Se paró frente al espejo, abotonándose la blusa; pasó el cinturón por las presillas que tenía la blusa a la altura de su cintura y lo abrochó. Dió una última cepillada a su cabello antes de ponerse la gorra, tomó su sacó y salió por la puerta.
Caminó por el pasillo metiendo un brazo en la manga del saco, saludando a unas cuantas personas que pasaban. Cuando salió del edificio de dormitorios, el viento frío de la mañana causó que Emma sintiera un poco de frío, asi que se abotonó el saco.
Respiró profundamente, mirando el enorme edificio al que se aproximaba. Los demás cadetes pasaban junto a ella, pero Emma no les ponía atención alguna. La mente de Emma se concentraba en los rumores de que el mismo General de la Guardia Terrestre estaría ahí para recibirlos. Emma estaba sumida en sus pensamientos cuando en la distancia escuchó una voz familiar.
"Emma!" gritó la voz "Emma, espera!"
Emma dió la vuelta y se detuvo para ver a un cadete, vestido en uniforme similar al suyo, corriendo hacia ella. Cuando estuvo más cerca, Emma lo distinguió. Era Zeke Kromer. "Zeke. Nombre más raro" pensó Emma, y recordó haber pensado lo mismo cuando se presentó al entrar en el Instituto. La carrera hizo que Zeke perdiera su gorra, el cadete se detuvo a recogerla y pronto estuvo al lado de Emma.
"Quizá quieras acomodarte el peinado, Kromer" dijo Emma, retomando la marcha.
Zeke pasó una mano por su cabeza, acomodando su cabello, y volvió a ponerse la gorra.
Zeke Kromer era el hijo menor de Ferdinand Kromer, el General de la Guardia Terrestre. Era un chico de estatura y complexión promedio, de cabello negro y ojos azules, era humano. Sus hermanos también estaban en la Guardia Terrestre, asi que más que por convicción, Zeke estaba en el Instituto por tradición familiar.
Eso no significaba que a Zeke no le gustara ir al Instituto, o que fuera un mal estudiante; de hecho, Emma y él habían estado empatados al mejor alumno de su clase estos 3 años.
"Gran día no?" preguntó Zeke, tratando de conversar un poco y retomar el aliento.
"Si. Oí que tu padre va a estar ahi dentro" contestó Emma.
"Conociéndolo, de seguro llega tarde"
Emma sonrió "Bueno, tú lo conoces mejor que todos nosotros"
"Yo no diría eso" dijo Zeke.
Emma y Zeke se conocieron desde el primer año en el Instituto, al principio por la rivalidad de ser el mejor alumno, y después, el hecho de ser los únicos dos humanos en la clase los hizo acercarse más.
Por lo general, los chicos auroranos no estaban interesados en la amistad. No sentían empatía. Así eran todos, pero ellos dos eran diferentes. El primer año fue difícil para ambos, adaptándose a la vida en Aurora; generalmente solo paseaban por el Instituto, miraban los despejes de las naves, observaban las estrellas y charlaban. En el viaje vacacional del primer año, Zeke acompañó a Emma a casa; los Kromer estaban todos ocupados y Emma se compadeció de él. La habían pasado muy bien, la Tierra era muchísimo más divertida que Aurora, y habían muchísimas cosas más que hacer.
Ambos llegaron a la puerta del Auditorio y se detuvieron, Zeke empujó la puerta y dejó a Emma entrar, entrando detrás de ella. Afortunadamente, eran de los primeros en llegar. Emma notó que Zeke exhaló, tal vez en alivio, y volteó hacía el escenario. Habían aproximadamente 15 personas allá arriba, entre hombres de traje, hombres con batas blancas, hombres y mujeres con uniforme militar y mujeres vestidas formalmente.
Zeke se había adelantado, y la llamaba desde el pasillo. Se sentó junto a él en una butaca y se quitó la gorra, pasó una mano por su cabello echando la cabeza hacía atrás e inhalando profundo para relajarse, pero volvió a sentarse recta cuando notó que Zeke la miraba.
"Qué miras, Kromer?" dijo Emma, con una expresión un tanto confundida. Solía llamar a Zeke "Kromer" en burla.
"Nada" dijo él, volteando al escenario.
Los hombres y mujeres arriba del escenario se ordenaron, varios bajaron y se quedaron de pie junto a las escaleras. Los demás estaban sentados en una mesa rectangular, sin embargo, el podio estaba vacío. Sin que Emma lo hubiera notado, en instantes el auditorio estaba completamente lleno.
Después de media hora, los profesores ya habían dado parte de la explicación de los cursos y las clases cuando se abrieron las puertas del auditorio. Ferdinand Kromer entró, escortado por más miembros de la Guardia Terrestre, el profesor en el podio interrumpió su explicación y le dió la bienvenida al General, todos los cadetes en el auditorio voltearon para verlos. El General usaba una majestuoso traje militar en azul marino, su cabello ya se veía un poco grisáceo, y sus ojos parecían dos gemas azules, del mismo tono que los de Zeke, pero los del General eran fríos y duros. Su quijada cuadrada y afilada estaba adornada por una barba negra corta pero muy tupida, y el bigote sobre sus labios parecía de aquellas figuras del siglo XX que Emma había visto. El General volteó ligeramente para mirar a Zeke, quien no sostuvo la mirada y la bajo hacia el suelo. Emma volteó a ver a Zeke, y luego al General.
Los hombres se quedaron abajo del escenario, mientras el General subía, estrechando manos y avanzando hacia el podio. Los ojos de Zeke aun miraban hacia el suelo.
"Queridos cadetes" comenzó a hablar el General Kromer con una voz gruesa, potente "bienvenidos a la clase avanzada para pilotos del Instituto de Vuelo e Aeronáutica. Es un honor que personas jóvenes como ustedes hayan llegado tan lejos. Hasta ahora, han aprendido todo lo que se puede aprender en libros acerca de vuelo, naves, navegación y los planetas vecinos; ahora es tiempo de que lleven a la práctica todo eso, para prepararlos en su camino." El General hizo una pausa, sus ojos se enfocaron en Zeke por un momento, y continuó: "No será fácil, el entrenamiento físico será duro, habrá mucha presión sobre sus hombros, pero haremos lo mejor posible para enseñarles a manejarla. No todo será sufrimiento, tendrán oportunidad de divertirse un poco una vez que la parte mas difícil haya pasado. Sean fuertes, no saben a que cosas podrán enfrentarse, aún como pilotos de exploración...."
"Ves al que está parado ahi?" preguntó Zeke a Emma en un susurro
"El que está mirándose los zapatos?"
"No, no, el de al lado, el que no deja de mirar a mi padre."
"Ah, si. Lo veo. Que hay de él?"
"Es mi hermano mayor, el primogénito."
Emma asintió, mirándolo mejor.
"Y el de junto es el que le sigue, el mediano."
Emma los miró detenidamente, se parecían al General, pero no tanto como Zeke.
"Y por qué están aquí?" preguntó Emma, curiosa.
"Siguen a mi padre a todos lados. Es lo que hacen."
"Se ven muy serios" dijo Emma " tú vas a volverte como ellos una vez que nos graduemos?"
"Oh, no. Que me parta un rayo si me vuelvo un estirado como ellos."
Emma trató de no reírse. Zeke sonrío.
"Más te vale, Kromer. No me gusta que me vean con gente aburrida."
Después del discurso y las sesiones de información, los cadetes recibieron instrucciones de retirarse a los dormitorios a relajarse un poco. Sin embargo, tenían que reportarse para un examen físico completo una hora después.
Emma y Zeke se levantaron de las butacas y se dirigieron a la salida, solo para ver su paso cortado por el General Kromer.
"He escuchado que ustedes dos son los mejores de la clase" les dijo, en un tono paternalista.
Ninguno de los dos supo qué decir, la antigüa rivalidad entre ellos solo servía como una broma interna. El General continuó hablando.
"Dejenme decirles que se espera mucho de ustedes. Yo espero mucho de ustedes." Emma sintió un poco de presión al oír al General acentuar el "yo" en su oración.
"Gracias General, esperamos llenar sus expectativas" dijo Emma, a falta de palabras de Zeke.
"Llenarlas?" dijo el General, en tono burlón. "mis expectativas fueron llenadas desde su primer año. Los he estado observando de cerca" dijo guiñándoles un ojo.
A la percepción de Emma, el General parecía un hombre más agradable de cerca. Tal vez no era tan malo después de todo.
"Bueno, los dejo retirarse." concluyó el General con una sonrisa, hizo un ademán a los hombres que lo acompañaban y en un instante estaban junto a él. El General comenzó a darse la vuelta para irse cuando se detuvo y agregó "Cuidate, Zeke."
"Igual tú, padre." dijo el chico, en un tono muy serio.
Emma se sentó en un sillón frente a Zeke en el área común de los dormitorios. Ambos bebían agua vitaminada, lo único que habían bebido en toda la mañana.
"Que fué eso con tu padre? No se llevan bien ustedes dos?"
"No es eso... es complicado"
"Oh, venga. No creas que no me he dado cuenta. Nunca hablas de tu familia."
"No me gusta hablar de eso. Dejalo ya."
"Está bien, no hablaremos de eso si te hace sentir mal." dijo Emma "pero sabes? Tu padre no es tan malo como parece."
"Lo dices por que a todos les caes bien. A él le has caído bien." dijo Zeke, con recelo.
"Tal vez sea por que tengo los padres más maravillosos que alguien podría tener, y así me criaron. Pero yo no me molesto por que a mis padres les caigas bien."
"Si. Tus padres son geniales. Irás con ellos este año?"
"Lo más seguro es que lo haga. Y puedes venir conmigo si quieres."
"Si!" exclamó Zeke "esperaba que dijeras eso, haría lo que fuera por escapar a unas vacaciones solo en la casa."
El reloj de la sala dió la alarma, anunciando que ya era la una de la tarde. Emma y Zeke dejaron escapar un suspiro frustrado.
"Tiene que ser una broma. Ya es hora de los examenes?" preguntó Zeke
"Así es, Kromer. Más vale que lleguemos a tiempo."
"Oh, demonios. No puedo esperar a que termine este día."
"Comparto tu dolor, amigo" dijo Emma "vamos, mientras más nos demos prisa, más pronto terminará este día... y después de los exámenes podemos comer algo."
Después de pasar los exámenes físicos y médicos, lo que seguía era una toma de sangre. En la sala donde estaba Emma, había un doctor cuya presencia la inquietaba; no era que el hombre se viera sospechoso, pero Emma tenía una extraña sensación de conocerlo de algún lado. Cuando llegó su turno, el tubo con la muestra de sangre fue colocado en la consola para ver su ADN, y su "procedencia". La enfermera miraba la pantalla como si algo inusual pasara. Emma comenzó a inquietarse aún más. Un doctor se acercó para mirar la pantalla, y la misma expresión se dibujó en su rostro, luego volteó a ver a Emma.
"Es usted Aurorana, señorita?" preguntó.
"No, soy de la Tierra" contestó Emma, confundida.
"Algo debe estar mal, la máquina registra genes Auroranos en su sangre" hizo una pausa para manipular la consola "esto no puede ser, también registra genes terrícolas".
Emma lo miró, confundida y un tanto molesta. Entonces, el doctor al que Emma sentía conocer, se acercó a la consola.
Miró el resultado, se ajustó los lentes y miró a Emma.
"Sus dos padres eran terrícolas?" preguntó.
"Bueno, sé que soy adoptada... pero ellos me dijeron que nunca supieron de mis padres biológicos"
Emma pudo jurar que una sonrisa se había dibujado en el rostro de aquel doctor.
"Ya veo." dijo, pero su tono de voz parecía más fingir sorpresa que expresarla.
Los doctores la dejaron ir, explicando que en su expediente sería catalogada como terrícola por cuestiones políticas. Algo harta de todo aquel ajetreo, Emma no puso mucha atención en sus explicaciones, y salió tan rápido como pudo hacia los dormitorios. Afuera la esperaba Zeke, con quién se fue.
El doctor la miraba irse, con cierta mirada triste "has crecido muy rápido, mi pequeña".
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