El primer año de la clase avanzada había sido relativamente fácil, o al menos eso les dijo el General Kromer cuando visitó la escuela hace una semana. "El próximo año, empezará el entrenamiento físico intensivo, empezarán a entrenar con simuladores y al final, tendrán que construir con sus propias manos un proyecto..."
Pero eso sería el próximo año, por ahora, al final de la última clase, Emma podría relajarse. Entró en su dormitorio, se quitó el uniforme y se puso una ropa casual: Unos pantalones cómodos, zapatos de suelo abiertos; se pusó una blusa blanca, parecida a la del uniforme, pero desabotonó los primeros dos botones de la parte de arriba, tomó un sueter y salió hacia la sala común.
Zeke estaba ahí, esperándola. Usaba pantalones casuales, una camisa del mismo tono azul del cabello de Emma con el cuello desabotonado, y un sueter negro encima. Emma pensó que se veía bien, era refrescante ver a su compañero con una imagen diferente a la de todos los días.
Emma caminó hacia él, sonriente.
"Bueno, estás listo?" preguntó
"Claro".
Salieron del edificio, todavía tenían que cruzar por algunos conjuntos de edificios de salones para llegar a la plaza, y después, más allá de la plaza, estaba por fin la puerta principal del Instituto.
Caminaban con paso calmado, por las aceras, llenas de árboles. Ninguno decía nada, pero no era una situación incómoda, parecía que lo más adecuado era el silencio. Emma suspiró, no sentía tanta paz desde que era niña y observaba las estrellas con su padre.
Tardaron un poco en llegar a la puerta principal. Habían muchos padres que venían con sus hijos a visitar la escuela. Emma los miró con melancolía, recordando la euforia del primer día que había estado ahí.
Saliendo de la puerta, Aurora de pronto parecía más acogedora y familiar para Emma. Era cierto que los auroranos tendían a no interesarse por el entretenimiento o el ocio, por eso era que Aurora tenía muy pocos lugares para distraerse. La cultura, el teatro, la música y el cine eran cosas que servían a su intelecto, no a su deseo de distracción. Además, la diversión era algo casi ajeno para los auroranos, casi no reían.
Pero eso no significaba que Aurora no tuviera lugares a donde ir.
Tomaron un auto hacia el centro de la ciudad y caminaron hacia un gran teatro. Entraron a ver una obra y salieron unas horas después. Caminaron a un restaurante, Zeke se mostró extraordinariamente caballeroso, lo cual sorprendió a Emma. Cierto, ya no eran los niños que entraron por primera vez en el Instituto, habían pasado cuatro años. Pero aún asi, el Zeke frente a ella todavía era aquel con el que solía competir en los exámenes. Era el Zeke del que solía burlarse, era el Zeke al que veía como su único amigo. O ya no lo era?
Emma trató de concentrarse en la cena. Como siempre, las porciones de comida eran pequeñas pero de sabor intenso. Los auroranos no necesitaban comer porciones tan grandes como los humanos, eso siempre desagradó a Emma, quien extrañaba los extraordinarios guisos de su madre. De pronto recordó su desayuno favorito. "Panqueques" pensó Emma "como los extraño". El mesero se acercó para ofrecerles postre, rompiendo con el silencio y las meditaciones de Emma.
"De postre tenemos un soufflé de moras auroranas que es perfecto para compartir". A Emma le sonó bien lo de las moras, pero no entendía por completo lo de "compartir". No podía cada uno tener un soufflé?
"Tomaremos eso, por favor!" dijo Emma. En la cara de Zeke se dibujó una expresión de sorpresa.
"Estás segura?" preguntó
"Sí, claro!" respondió Emma, y se volvió hacia el mesero "Pero, puede traernos dos? No sé si quiera compartir un soufflé"
El mesero se mostró algo molesto.
"El soufflé es para dos personas, señorita. Es nuestro postre especial romántico"
Los párpados de Emma se abrieron más, en sorpresa "Romántico?" dijo en tono burlón "Esto no es una cita. Verdad, Kromer?"
Zeke se mostró incómodo, Emma no entendía lo que pasaba.
"De verdad quieres ese postre?"
"Sí, lo quiero"
"Bien" dijo Zeke. "Traiga el soufflé, no importa que sea para dos"
Emma lo miró, y levantó una ceja. "Quieres el postre romántico? No creas que voy a compartirlo contigo"
"Lo pedí por que lo quieres. Y no irás a darme aunque sea un pedazo?"
"Mmmm" dijo Emma, pretendiendo pensárselo "está bien, solo un poco".
La cena terminó, y salieron del restaurante, con un poco de hambre todavía. Sentados en una banca, podían ver al Sol ponerse en el Este. Cuando el Sol bajó completamente y la oscuridad cayó sobre Aurora, los faroles se encendieron gradualmente.
Emma se abrazó a un farol, y se sujetó a él con una mano. Comenzó a dar vueltas. Podía oír la risa de Zeke, lo cual provocó que ella misma riera.
Regresaron en auto al Instituto, y caminaron a un área verde en la que gustaban de recostarse en el césped. Emma, empujó a Zeke para que perdiera el balance, haciéndolo casi caer de la acera. Zeke contraatacó, tal vez con demasiada fuerza, forzando a Emma a buscar algo al que sujetarse. Sus brazos fueron a dar alrededor del brazo de Zeke, que la jaló para que no cayera y se detuvo, mirándola por un instante.
"Casi haces que caiga, Kromer. Relájate, hombre" dijo Emma, con una risa tímida. De dónde habrá venido?
Zeke permaneció callado. "Habré dicho algo malo?" pensó Emma.
"Sigamos" dijo incómodamente Zeke.
Uno de los brazos de Emma aún rodeaba el brazo de Zeke. Él tenía las manos metidas en los bolsillos de los pantalones. Emma no pensó en quitar ese brazo, empezó a sentir algo que no había sentido antes. Recordó haber leído alguna vez en un libro que en siglos anteriores, el que una dama rodeara el brazo de un caballero mientras caminaban era un gesto de agrado. Y Zeke parecía disfrutarlo.
En dos días estarían de nuevo en casa, en la Tierra. Emma podría abrazar a sus padres y comer la deliciosa comida de su madre. Podría ir con Zeke a alguna feria, o a comprar cosas, o tal vez a ver alguna película vieja del siglo XXI a la vieja usanza. Estos agradables pensamientos arrullaron a Emma, haciéndola caer en un suave sueño. Un sueño imperturbable. Soñó que montaba a la espalda de Storm, su pequeño compañero alado, aterrizando en la Tierra, justo enfrente de la casa donde había vivido los primeros 13 años de su vida.
Al despertar, se reunió en el comedor con Zeke, para desayunar y hacer planes para su primer día de vacaciones en la Tierra.
Después, Emma empacaba en su dormitorio cuando tocaron la puerta.
"Pasen, está abierto"
"Hola, ya terminaste de empacar?" preguntó una voz femenina, conocida.
Era la voz de una compañera del grupo. No la conocía mucho pero a Emma le agradaba, su nombre era Sophia Sinclair.
"Hola!" la saludó Emma "No, todavía me faltan un par de cosas"
"Asi que te vas a la Tierra de nuevo?" preguntó Sophia.
"Si, como todos los años. Regresando a casa." dijo Emma sonriendo.
"Por qué nunca te quedas?"
"Bueno, extraño bastante la Tierra como para soportar quedarme en Aurora teniendo la oportunidad de ir a casa."
Sophia sonrió vagamente "Supongo que yo haría lo mismo".
Zeke entró por la puerta, que estaba abierta. Miró a Emma y luego a Sophia, visiblemente incómodo. Trató de disimularlo.
"Lista?" preguntó, dirigiendose a Emma
Emma bajó unas cuantas maletas al suelo. "Lista" dijo, con una amplia sonrisa.
Las maletas estaban a bordo de la nave, pero debían esperar la autorización para emprender el viaje a la Tierra. Recostados en el césped de una plazoleta cercana, Emma y Zeke aguardaban impacientes el momento de abordar la nave. El cielo se veía tranquilo, y en la distancia, se alcanzaba a divisar la Tierra, como una pequeña estrella. Emma se sentó sobre el césped, cuidándose de no sentarse mal sobre su vestido; puso las manos detrás de su nuca, y las movió hacia arriba, sacudiéndo su cabello, que ahora estaba largo; llegaba unos 10 centímetros abajo de sus axilas. Zeke la observaba. Emma volvió a tenderse en el césped, sin poder quitarse de encima la mirada de Zeke. Lo miró a los ojos, y en esos ojos profundamente azules vió algo nuevo; ya no eran los ojos de un niño. Un sentimiento extraño comenzó a apoderarse de su cuerpo y su mente, su piel se erizó, su corazón latía rápido. Que rayos era esto? Separó los labios, como queriendo decir algo, pero de repente, algo la distrajo.
Un resplandor provino del exterior, cegando a ambos. Se cubrieron los ojos y al cabo de un instante, el resplandor disminuyó su intensidad. Parecía una explosión. Emma trató de ver con gran esfuerzo de dónde provenía aquella luz, lastimaba sus ojos, pero logró hacerse una idea de la dirección de la que había venido.
Una exhalación escapó de sus pulmones cuando se dió cuenta de lo que pasaba. La Tierra. De ahí venía la explosión.
Un gran shock acaparó la expresión de Emma, su respiración se hizo más rápida. Una segunda explosión, de menor intensidad, provenía de algún lugar en Aurora. Rapidamente, los dos se pusieron de pie. Un Teniente corrió en su dirección.
"El despeje se cancela, retírense de inmediato a los dormitorios" dijo.
"Que ha pasado? Que ha sido eso?" preguntó Emma, alarmada.
"No sabemos" dijo el Teniente "Retírense! Ahora!".
El caos empezó a apoderarse del Instituto. Naves se desplegaron hacia la Tierra; oficiales a pie, en camionetas y en naves ligeras salieron de todas direcciones hacia el exterior. Los cadetes corrían también hacia cada dirección posible.
Emma volteó a ver a Zeke, que le extendía la mano. Sin dudarlo, Emma la tomó y salieron corriendo disparados.
Unas cuantas explosiones más se divisaron en el cielo, pero no podían detenerse, Zeke se encargó de despejarles el camino, en ocasiones chocando con un par de cadetes, pero Emma no tropezó con nada.
Llegaron, sudando y muy agitados, al dormitorio de Emma. Había una pequeña caja encima del colchón que Emma no recordaba haber dejado atrás. Pero eso ahora no importaba. Emma encendió la consola que aún estaba pegada al muro de su dormitorio, se quitó el cabello que se había pegado a su rostro, miró hacía el suelo y al ver que le faltaba un zapato, pateó el que quedaba hacia el muro. Atrás de ella, Zeke se había sentado en el colchón, se había quitado el sueter y la camisa, que estaban empapados de sudor.
Trató de buscar cualquier información sobre lo que había pasado en la Tierra, pero no había nada en los medios de comunicación, sólo había reportes sobre el ataque a Aurora. Emma abrió un canal de noticias, lo puso en la pantalla y se sentó, sin ver, junto a Zeke en el colchón.
"Las explosiones ya han cesado, pero los daños son muchos. Se reporta que un comando del planeta Thakur está de nuevo intentando aparentemente atacar a Aurora. Recomendamos al público que nos vé que permanezca calmado, la Guardia Terrestre y la Armada Aurorana ya han sido movilizados. Hasta ahora, los reportes de daños en Aurora indican que los edificios más importantes del gobierno Aurorano fueron atacados, así como el Instituto de Biogenética. No sabemos la razón detrás de este ataque, pero seguiremos informando."
Emma estaba desesperada por saber que había pasado en la Tierra, manipulando la consola de nuevo, trataba de encontrar la más mínima esperanza, para no pensar en lo peor. Zeke se puso de pie junto a ella, la apartó de la consola. Emma se sentó en el colchón, impaciente. Los dedos de Zeke no eran visibles para Emma, pero intuía lo que estaba haciendo. De pronto recordó la pequeña caja junto a ella, la tomó. Sólo era una caja de plástico, sin alguna inscripción que pudiera darle una pista de su contenido o su procedencia. La abrió, y dentro encontró a su pequeño amigo de la infancia, Storm. La confusión se acrecentó, ¿De dónde había llegado? Lo habrían enviado sus padres? Si era así... ¿Por que no se lo habían dicho?. Storm era un símbolo de su hogar, y Emma abrazó al pequeño pegaso, aferrándose a él por lo que representaba. Un lazo que la unía a la Tierra, a su casa.
Zeke logró entrar en el sistema del Instituto, y de ahí, a los reportes militares que recibía su padre. Zeke se alejó de la consola, dejándo que Emma viera lo que había encontrado. Los peores temores de Emma se veían hechos realidad ante sus ojos.
La Tierra había sido el blanco principal del ataque de Thakur, había sido bombardeada con una fuerza 100 veces mayor a la arcaica bomba atómica. Hasta ahora, no habían sobrevivientes.
Emma se dejó caer del colchón hacia el suelo, sentándose en posición cerrada, fetal, temblando y llorando. Zeke también lloraba, pero en silencio. Trató de acercarse a ella, pero fue abruptamente rechazado. Emma le ordenó que se fuera, y lo hizo.
Al cabo de unas horas, Zeke regresó al dormitorio de Emma, solo para encontrarlo abierto. Muchos cadetes, de todos los grados, se sentaban el el colchón y hasta en el piso, cubriendo cada centímetro de superficie en frente de la consola, que transmitía las noticias.
"Hace 100 años, en el año 2160, el planeta Thakur intentó conquistar el planeta Aurora, solo para ser derrotado por las legendarias Armada Aurorana y Guardia Terrestre..."
Zeke no quiso escuchar más, tenía que encontrar a Emma. Salió de los dormitorios, el Instituto estaba practicamente desierto, con todos movilizandose hacia la Tierra. Por dónde empezar a buscar?. Zeke llegó a la plazoleta donde habían estado esperando ayer, afortunadamente, Emma estaba ahí. Sentada bajo un árbol.
Zeke se acercó lentamente, Emma se veía más calmada, ya no lloraba. Abrazaba fuertemente algo que Zeke no distinguía, solo veía una forma blanca.
"Emma" dijo calmado.
Antes de que pudiera decir otra cosa, Emma se levantó, caminó hacia él y lo abrazó, apretándolo fuertemente contra ella. Zeke le correspondió el abrazo, usando un brazo para acariciar su cabeza. Emma hundió su cara en el hombro de Zeke y así se quedaron durante bastante tiempo.
Emma había perdido todo, su hogar, su familia. Zeke era la única persona que le quedaba.
Nocciolina's Precious Little Writing Blog
En este blog publicaré las cosas que escriba (prometo no olvidarme de él esta vez). Y alguna que otra cosilla :D
miércoles, 5 de octubre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Imperfecciones humanas (Emma Blowgun Capítulo 4)
El despertador sonó. Los ojos de Emma se abrieron sólo un poco y bostezó. Se quitó de encima las cobijas y se paró de la cama. Ya eran las 6. Bostezó de nuevo, estirando los brazos y arqueando la espalda.
Caminó hacia la ducha del dormitorio; tenía que llegar temprano y tenía que verse impecable, la bienvenida e introducción a la clase avanzada de vuelo era algo muy importante.
El muro opuesto a donde se encontraba la cama de Emma era una enorme consola táctil, que ocupaba un cuarto del muro completo. Le había llegado por su quinceavo cumpleaños, pero Emma no sabía quien se la había enviado.
De hecho, el dormitorio estaba casi ocupado en su totalidad por la cama, la consola, el clóset y un ventanal.
Emma se sentó en la cama, ya casi vestida, metió un pie a las largas y brillantes botas negras del uniforme; presionó el botón y las botas se ajustaron al contorno de sus pantorrillas, abrazando sus piernas firmemente pero sin fuerza excesiva.
Se paró frente al espejo, abotonándose la blusa; pasó el cinturón por las presillas que tenía la blusa a la altura de su cintura y lo abrochó. Dió una última cepillada a su cabello antes de ponerse la gorra, tomó su sacó y salió por la puerta.
Caminó por el pasillo metiendo un brazo en la manga del saco, saludando a unas cuantas personas que pasaban. Cuando salió del edificio de dormitorios, el viento frío de la mañana causó que Emma sintiera un poco de frío, asi que se abotonó el saco.
Respiró profundamente, mirando el enorme edificio al que se aproximaba. Los demás cadetes pasaban junto a ella, pero Emma no les ponía atención alguna. La mente de Emma se concentraba en los rumores de que el mismo General de la Guardia Terrestre estaría ahí para recibirlos. Emma estaba sumida en sus pensamientos cuando en la distancia escuchó una voz familiar.
"Emma!" gritó la voz "Emma, espera!"
Emma dió la vuelta y se detuvo para ver a un cadete, vestido en uniforme similar al suyo, corriendo hacia ella. Cuando estuvo más cerca, Emma lo distinguió. Era Zeke Kromer. "Zeke. Nombre más raro" pensó Emma, y recordó haber pensado lo mismo cuando se presentó al entrar en el Instituto. La carrera hizo que Zeke perdiera su gorra, el cadete se detuvo a recogerla y pronto estuvo al lado de Emma.
"Quizá quieras acomodarte el peinado, Kromer" dijo Emma, retomando la marcha.
Zeke pasó una mano por su cabeza, acomodando su cabello, y volvió a ponerse la gorra.
Zeke Kromer era el hijo menor de Ferdinand Kromer, el General de la Guardia Terrestre. Era un chico de estatura y complexión promedio, de cabello negro y ojos azules, era humano. Sus hermanos también estaban en la Guardia Terrestre, asi que más que por convicción, Zeke estaba en el Instituto por tradición familiar.
Eso no significaba que a Zeke no le gustara ir al Instituto, o que fuera un mal estudiante; de hecho, Emma y él habían estado empatados al mejor alumno de su clase estos 3 años.
"Gran día no?" preguntó Zeke, tratando de conversar un poco y retomar el aliento.
"Si. Oí que tu padre va a estar ahi dentro" contestó Emma.
"Conociéndolo, de seguro llega tarde"
Emma sonrió "Bueno, tú lo conoces mejor que todos nosotros"
"Yo no diría eso" dijo Zeke.
Emma y Zeke se conocieron desde el primer año en el Instituto, al principio por la rivalidad de ser el mejor alumno, y después, el hecho de ser los únicos dos humanos en la clase los hizo acercarse más.
Por lo general, los chicos auroranos no estaban interesados en la amistad. No sentían empatía. Así eran todos, pero ellos dos eran diferentes. El primer año fue difícil para ambos, adaptándose a la vida en Aurora; generalmente solo paseaban por el Instituto, miraban los despejes de las naves, observaban las estrellas y charlaban. En el viaje vacacional del primer año, Zeke acompañó a Emma a casa; los Kromer estaban todos ocupados y Emma se compadeció de él. La habían pasado muy bien, la Tierra era muchísimo más divertida que Aurora, y habían muchísimas cosas más que hacer.
Ambos llegaron a la puerta del Auditorio y se detuvieron, Zeke empujó la puerta y dejó a Emma entrar, entrando detrás de ella. Afortunadamente, eran de los primeros en llegar. Emma notó que Zeke exhaló, tal vez en alivio, y volteó hacía el escenario. Habían aproximadamente 15 personas allá arriba, entre hombres de traje, hombres con batas blancas, hombres y mujeres con uniforme militar y mujeres vestidas formalmente.
Zeke se había adelantado, y la llamaba desde el pasillo. Se sentó junto a él en una butaca y se quitó la gorra, pasó una mano por su cabello echando la cabeza hacía atrás e inhalando profundo para relajarse, pero volvió a sentarse recta cuando notó que Zeke la miraba.
"Qué miras, Kromer?" dijo Emma, con una expresión un tanto confundida. Solía llamar a Zeke "Kromer" en burla.
"Nada" dijo él, volteando al escenario.
Los hombres y mujeres arriba del escenario se ordenaron, varios bajaron y se quedaron de pie junto a las escaleras. Los demás estaban sentados en una mesa rectangular, sin embargo, el podio estaba vacío. Sin que Emma lo hubiera notado, en instantes el auditorio estaba completamente lleno.
Después de media hora, los profesores ya habían dado parte de la explicación de los cursos y las clases cuando se abrieron las puertas del auditorio. Ferdinand Kromer entró, escortado por más miembros de la Guardia Terrestre, el profesor en el podio interrumpió su explicación y le dió la bienvenida al General, todos los cadetes en el auditorio voltearon para verlos. El General usaba una majestuoso traje militar en azul marino, su cabello ya se veía un poco grisáceo, y sus ojos parecían dos gemas azules, del mismo tono que los de Zeke, pero los del General eran fríos y duros. Su quijada cuadrada y afilada estaba adornada por una barba negra corta pero muy tupida, y el bigote sobre sus labios parecía de aquellas figuras del siglo XX que Emma había visto. El General volteó ligeramente para mirar a Zeke, quien no sostuvo la mirada y la bajo hacia el suelo. Emma volteó a ver a Zeke, y luego al General.
Los hombres se quedaron abajo del escenario, mientras el General subía, estrechando manos y avanzando hacia el podio. Los ojos de Zeke aun miraban hacia el suelo.
"Queridos cadetes" comenzó a hablar el General Kromer con una voz gruesa, potente "bienvenidos a la clase avanzada para pilotos del Instituto de Vuelo e Aeronáutica. Es un honor que personas jóvenes como ustedes hayan llegado tan lejos. Hasta ahora, han aprendido todo lo que se puede aprender en libros acerca de vuelo, naves, navegación y los planetas vecinos; ahora es tiempo de que lleven a la práctica todo eso, para prepararlos en su camino." El General hizo una pausa, sus ojos se enfocaron en Zeke por un momento, y continuó: "No será fácil, el entrenamiento físico será duro, habrá mucha presión sobre sus hombros, pero haremos lo mejor posible para enseñarles a manejarla. No todo será sufrimiento, tendrán oportunidad de divertirse un poco una vez que la parte mas difícil haya pasado. Sean fuertes, no saben a que cosas podrán enfrentarse, aún como pilotos de exploración...."
"Ves al que está parado ahi?" preguntó Zeke a Emma en un susurro
"El que está mirándose los zapatos?"
"No, no, el de al lado, el que no deja de mirar a mi padre."
"Ah, si. Lo veo. Que hay de él?"
"Es mi hermano mayor, el primogénito."
Emma asintió, mirándolo mejor.
"Y el de junto es el que le sigue, el mediano."
Emma los miró detenidamente, se parecían al General, pero no tanto como Zeke.
"Y por qué están aquí?" preguntó Emma, curiosa.
"Siguen a mi padre a todos lados. Es lo que hacen."
"Se ven muy serios" dijo Emma " tú vas a volverte como ellos una vez que nos graduemos?"
"Oh, no. Que me parta un rayo si me vuelvo un estirado como ellos."
Emma trató de no reírse. Zeke sonrío.
"Más te vale, Kromer. No me gusta que me vean con gente aburrida."
Después del discurso y las sesiones de información, los cadetes recibieron instrucciones de retirarse a los dormitorios a relajarse un poco. Sin embargo, tenían que reportarse para un examen físico completo una hora después.
Emma y Zeke se levantaron de las butacas y se dirigieron a la salida, solo para ver su paso cortado por el General Kromer.
"He escuchado que ustedes dos son los mejores de la clase" les dijo, en un tono paternalista.
Ninguno de los dos supo qué decir, la antigüa rivalidad entre ellos solo servía como una broma interna. El General continuó hablando.
"Dejenme decirles que se espera mucho de ustedes. Yo espero mucho de ustedes." Emma sintió un poco de presión al oír al General acentuar el "yo" en su oración.
"Gracias General, esperamos llenar sus expectativas" dijo Emma, a falta de palabras de Zeke.
"Llenarlas?" dijo el General, en tono burlón. "mis expectativas fueron llenadas desde su primer año. Los he estado observando de cerca" dijo guiñándoles un ojo.
A la percepción de Emma, el General parecía un hombre más agradable de cerca. Tal vez no era tan malo después de todo.
"Bueno, los dejo retirarse." concluyó el General con una sonrisa, hizo un ademán a los hombres que lo acompañaban y en un instante estaban junto a él. El General comenzó a darse la vuelta para irse cuando se detuvo y agregó "Cuidate, Zeke."
"Igual tú, padre." dijo el chico, en un tono muy serio.
Emma se sentó en un sillón frente a Zeke en el área común de los dormitorios. Ambos bebían agua vitaminada, lo único que habían bebido en toda la mañana.
"Que fué eso con tu padre? No se llevan bien ustedes dos?"
"No es eso... es complicado"
"Oh, venga. No creas que no me he dado cuenta. Nunca hablas de tu familia."
"No me gusta hablar de eso. Dejalo ya."
"Está bien, no hablaremos de eso si te hace sentir mal." dijo Emma "pero sabes? Tu padre no es tan malo como parece."
"Lo dices por que a todos les caes bien. A él le has caído bien." dijo Zeke, con recelo.
"Tal vez sea por que tengo los padres más maravillosos que alguien podría tener, y así me criaron. Pero yo no me molesto por que a mis padres les caigas bien."
"Si. Tus padres son geniales. Irás con ellos este año?"
"Lo más seguro es que lo haga. Y puedes venir conmigo si quieres."
"Si!" exclamó Zeke "esperaba que dijeras eso, haría lo que fuera por escapar a unas vacaciones solo en la casa."
El reloj de la sala dió la alarma, anunciando que ya era la una de la tarde. Emma y Zeke dejaron escapar un suspiro frustrado.
"Tiene que ser una broma. Ya es hora de los examenes?" preguntó Zeke
"Así es, Kromer. Más vale que lleguemos a tiempo."
"Oh, demonios. No puedo esperar a que termine este día."
"Comparto tu dolor, amigo" dijo Emma "vamos, mientras más nos demos prisa, más pronto terminará este día... y después de los exámenes podemos comer algo."
Después de pasar los exámenes físicos y médicos, lo que seguía era una toma de sangre. En la sala donde estaba Emma, había un doctor cuya presencia la inquietaba; no era que el hombre se viera sospechoso, pero Emma tenía una extraña sensación de conocerlo de algún lado. Cuando llegó su turno, el tubo con la muestra de sangre fue colocado en la consola para ver su ADN, y su "procedencia". La enfermera miraba la pantalla como si algo inusual pasara. Emma comenzó a inquietarse aún más. Un doctor se acercó para mirar la pantalla, y la misma expresión se dibujó en su rostro, luego volteó a ver a Emma.
"Es usted Aurorana, señorita?" preguntó.
"No, soy de la Tierra" contestó Emma, confundida.
"Algo debe estar mal, la máquina registra genes Auroranos en su sangre" hizo una pausa para manipular la consola "esto no puede ser, también registra genes terrícolas".
Emma lo miró, confundida y un tanto molesta. Entonces, el doctor al que Emma sentía conocer, se acercó a la consola.
Miró el resultado, se ajustó los lentes y miró a Emma.
"Sus dos padres eran terrícolas?" preguntó.
"Bueno, sé que soy adoptada... pero ellos me dijeron que nunca supieron de mis padres biológicos"
Emma pudo jurar que una sonrisa se había dibujado en el rostro de aquel doctor.
"Ya veo." dijo, pero su tono de voz parecía más fingir sorpresa que expresarla.
Los doctores la dejaron ir, explicando que en su expediente sería catalogada como terrícola por cuestiones políticas. Algo harta de todo aquel ajetreo, Emma no puso mucha atención en sus explicaciones, y salió tan rápido como pudo hacia los dormitorios. Afuera la esperaba Zeke, con quién se fue.
El doctor la miraba irse, con cierta mirada triste "has crecido muy rápido, mi pequeña".
Caminó hacia la ducha del dormitorio; tenía que llegar temprano y tenía que verse impecable, la bienvenida e introducción a la clase avanzada de vuelo era algo muy importante.
El muro opuesto a donde se encontraba la cama de Emma era una enorme consola táctil, que ocupaba un cuarto del muro completo. Le había llegado por su quinceavo cumpleaños, pero Emma no sabía quien se la había enviado.
De hecho, el dormitorio estaba casi ocupado en su totalidad por la cama, la consola, el clóset y un ventanal.
Emma se sentó en la cama, ya casi vestida, metió un pie a las largas y brillantes botas negras del uniforme; presionó el botón y las botas se ajustaron al contorno de sus pantorrillas, abrazando sus piernas firmemente pero sin fuerza excesiva.
Se paró frente al espejo, abotonándose la blusa; pasó el cinturón por las presillas que tenía la blusa a la altura de su cintura y lo abrochó. Dió una última cepillada a su cabello antes de ponerse la gorra, tomó su sacó y salió por la puerta.
Caminó por el pasillo metiendo un brazo en la manga del saco, saludando a unas cuantas personas que pasaban. Cuando salió del edificio de dormitorios, el viento frío de la mañana causó que Emma sintiera un poco de frío, asi que se abotonó el saco.
Respiró profundamente, mirando el enorme edificio al que se aproximaba. Los demás cadetes pasaban junto a ella, pero Emma no les ponía atención alguna. La mente de Emma se concentraba en los rumores de que el mismo General de la Guardia Terrestre estaría ahí para recibirlos. Emma estaba sumida en sus pensamientos cuando en la distancia escuchó una voz familiar.
"Emma!" gritó la voz "Emma, espera!"
Emma dió la vuelta y se detuvo para ver a un cadete, vestido en uniforme similar al suyo, corriendo hacia ella. Cuando estuvo más cerca, Emma lo distinguió. Era Zeke Kromer. "Zeke. Nombre más raro" pensó Emma, y recordó haber pensado lo mismo cuando se presentó al entrar en el Instituto. La carrera hizo que Zeke perdiera su gorra, el cadete se detuvo a recogerla y pronto estuvo al lado de Emma.
"Quizá quieras acomodarte el peinado, Kromer" dijo Emma, retomando la marcha.
Zeke pasó una mano por su cabeza, acomodando su cabello, y volvió a ponerse la gorra.
Zeke Kromer era el hijo menor de Ferdinand Kromer, el General de la Guardia Terrestre. Era un chico de estatura y complexión promedio, de cabello negro y ojos azules, era humano. Sus hermanos también estaban en la Guardia Terrestre, asi que más que por convicción, Zeke estaba en el Instituto por tradición familiar.
Eso no significaba que a Zeke no le gustara ir al Instituto, o que fuera un mal estudiante; de hecho, Emma y él habían estado empatados al mejor alumno de su clase estos 3 años.
"Gran día no?" preguntó Zeke, tratando de conversar un poco y retomar el aliento.
"Si. Oí que tu padre va a estar ahi dentro" contestó Emma.
"Conociéndolo, de seguro llega tarde"
Emma sonrió "Bueno, tú lo conoces mejor que todos nosotros"
"Yo no diría eso" dijo Zeke.
Emma y Zeke se conocieron desde el primer año en el Instituto, al principio por la rivalidad de ser el mejor alumno, y después, el hecho de ser los únicos dos humanos en la clase los hizo acercarse más.
Por lo general, los chicos auroranos no estaban interesados en la amistad. No sentían empatía. Así eran todos, pero ellos dos eran diferentes. El primer año fue difícil para ambos, adaptándose a la vida en Aurora; generalmente solo paseaban por el Instituto, miraban los despejes de las naves, observaban las estrellas y charlaban. En el viaje vacacional del primer año, Zeke acompañó a Emma a casa; los Kromer estaban todos ocupados y Emma se compadeció de él. La habían pasado muy bien, la Tierra era muchísimo más divertida que Aurora, y habían muchísimas cosas más que hacer.
Ambos llegaron a la puerta del Auditorio y se detuvieron, Zeke empujó la puerta y dejó a Emma entrar, entrando detrás de ella. Afortunadamente, eran de los primeros en llegar. Emma notó que Zeke exhaló, tal vez en alivio, y volteó hacía el escenario. Habían aproximadamente 15 personas allá arriba, entre hombres de traje, hombres con batas blancas, hombres y mujeres con uniforme militar y mujeres vestidas formalmente.
Zeke se había adelantado, y la llamaba desde el pasillo. Se sentó junto a él en una butaca y se quitó la gorra, pasó una mano por su cabello echando la cabeza hacía atrás e inhalando profundo para relajarse, pero volvió a sentarse recta cuando notó que Zeke la miraba.
"Qué miras, Kromer?" dijo Emma, con una expresión un tanto confundida. Solía llamar a Zeke "Kromer" en burla.
"Nada" dijo él, volteando al escenario.
Los hombres y mujeres arriba del escenario se ordenaron, varios bajaron y se quedaron de pie junto a las escaleras. Los demás estaban sentados en una mesa rectangular, sin embargo, el podio estaba vacío. Sin que Emma lo hubiera notado, en instantes el auditorio estaba completamente lleno.
Después de media hora, los profesores ya habían dado parte de la explicación de los cursos y las clases cuando se abrieron las puertas del auditorio. Ferdinand Kromer entró, escortado por más miembros de la Guardia Terrestre, el profesor en el podio interrumpió su explicación y le dió la bienvenida al General, todos los cadetes en el auditorio voltearon para verlos. El General usaba una majestuoso traje militar en azul marino, su cabello ya se veía un poco grisáceo, y sus ojos parecían dos gemas azules, del mismo tono que los de Zeke, pero los del General eran fríos y duros. Su quijada cuadrada y afilada estaba adornada por una barba negra corta pero muy tupida, y el bigote sobre sus labios parecía de aquellas figuras del siglo XX que Emma había visto. El General volteó ligeramente para mirar a Zeke, quien no sostuvo la mirada y la bajo hacia el suelo. Emma volteó a ver a Zeke, y luego al General.
Los hombres se quedaron abajo del escenario, mientras el General subía, estrechando manos y avanzando hacia el podio. Los ojos de Zeke aun miraban hacia el suelo.
"Queridos cadetes" comenzó a hablar el General Kromer con una voz gruesa, potente "bienvenidos a la clase avanzada para pilotos del Instituto de Vuelo e Aeronáutica. Es un honor que personas jóvenes como ustedes hayan llegado tan lejos. Hasta ahora, han aprendido todo lo que se puede aprender en libros acerca de vuelo, naves, navegación y los planetas vecinos; ahora es tiempo de que lleven a la práctica todo eso, para prepararlos en su camino." El General hizo una pausa, sus ojos se enfocaron en Zeke por un momento, y continuó: "No será fácil, el entrenamiento físico será duro, habrá mucha presión sobre sus hombros, pero haremos lo mejor posible para enseñarles a manejarla. No todo será sufrimiento, tendrán oportunidad de divertirse un poco una vez que la parte mas difícil haya pasado. Sean fuertes, no saben a que cosas podrán enfrentarse, aún como pilotos de exploración...."
"Ves al que está parado ahi?" preguntó Zeke a Emma en un susurro
"El que está mirándose los zapatos?"
"No, no, el de al lado, el que no deja de mirar a mi padre."
"Ah, si. Lo veo. Que hay de él?"
"Es mi hermano mayor, el primogénito."
Emma asintió, mirándolo mejor.
"Y el de junto es el que le sigue, el mediano."
Emma los miró detenidamente, se parecían al General, pero no tanto como Zeke.
"Y por qué están aquí?" preguntó Emma, curiosa.
"Siguen a mi padre a todos lados. Es lo que hacen."
"Se ven muy serios" dijo Emma " tú vas a volverte como ellos una vez que nos graduemos?"
"Oh, no. Que me parta un rayo si me vuelvo un estirado como ellos."
Emma trató de no reírse. Zeke sonrío.
"Más te vale, Kromer. No me gusta que me vean con gente aburrida."
Después del discurso y las sesiones de información, los cadetes recibieron instrucciones de retirarse a los dormitorios a relajarse un poco. Sin embargo, tenían que reportarse para un examen físico completo una hora después.
Emma y Zeke se levantaron de las butacas y se dirigieron a la salida, solo para ver su paso cortado por el General Kromer.
"He escuchado que ustedes dos son los mejores de la clase" les dijo, en un tono paternalista.
Ninguno de los dos supo qué decir, la antigüa rivalidad entre ellos solo servía como una broma interna. El General continuó hablando.
"Dejenme decirles que se espera mucho de ustedes. Yo espero mucho de ustedes." Emma sintió un poco de presión al oír al General acentuar el "yo" en su oración.
"Gracias General, esperamos llenar sus expectativas" dijo Emma, a falta de palabras de Zeke.
"Llenarlas?" dijo el General, en tono burlón. "mis expectativas fueron llenadas desde su primer año. Los he estado observando de cerca" dijo guiñándoles un ojo.
A la percepción de Emma, el General parecía un hombre más agradable de cerca. Tal vez no era tan malo después de todo.
"Bueno, los dejo retirarse." concluyó el General con una sonrisa, hizo un ademán a los hombres que lo acompañaban y en un instante estaban junto a él. El General comenzó a darse la vuelta para irse cuando se detuvo y agregó "Cuidate, Zeke."
"Igual tú, padre." dijo el chico, en un tono muy serio.
Emma se sentó en un sillón frente a Zeke en el área común de los dormitorios. Ambos bebían agua vitaminada, lo único que habían bebido en toda la mañana.
"Que fué eso con tu padre? No se llevan bien ustedes dos?"
"No es eso... es complicado"
"Oh, venga. No creas que no me he dado cuenta. Nunca hablas de tu familia."
"No me gusta hablar de eso. Dejalo ya."
"Está bien, no hablaremos de eso si te hace sentir mal." dijo Emma "pero sabes? Tu padre no es tan malo como parece."
"Lo dices por que a todos les caes bien. A él le has caído bien." dijo Zeke, con recelo.
"Tal vez sea por que tengo los padres más maravillosos que alguien podría tener, y así me criaron. Pero yo no me molesto por que a mis padres les caigas bien."
"Si. Tus padres son geniales. Irás con ellos este año?"
"Lo más seguro es que lo haga. Y puedes venir conmigo si quieres."
"Si!" exclamó Zeke "esperaba que dijeras eso, haría lo que fuera por escapar a unas vacaciones solo en la casa."
El reloj de la sala dió la alarma, anunciando que ya era la una de la tarde. Emma y Zeke dejaron escapar un suspiro frustrado.
"Tiene que ser una broma. Ya es hora de los examenes?" preguntó Zeke
"Así es, Kromer. Más vale que lleguemos a tiempo."
"Oh, demonios. No puedo esperar a que termine este día."
"Comparto tu dolor, amigo" dijo Emma "vamos, mientras más nos demos prisa, más pronto terminará este día... y después de los exámenes podemos comer algo."
Después de pasar los exámenes físicos y médicos, lo que seguía era una toma de sangre. En la sala donde estaba Emma, había un doctor cuya presencia la inquietaba; no era que el hombre se viera sospechoso, pero Emma tenía una extraña sensación de conocerlo de algún lado. Cuando llegó su turno, el tubo con la muestra de sangre fue colocado en la consola para ver su ADN, y su "procedencia". La enfermera miraba la pantalla como si algo inusual pasara. Emma comenzó a inquietarse aún más. Un doctor se acercó para mirar la pantalla, y la misma expresión se dibujó en su rostro, luego volteó a ver a Emma.
"Es usted Aurorana, señorita?" preguntó.
"No, soy de la Tierra" contestó Emma, confundida.
"Algo debe estar mal, la máquina registra genes Auroranos en su sangre" hizo una pausa para manipular la consola "esto no puede ser, también registra genes terrícolas".
Emma lo miró, confundida y un tanto molesta. Entonces, el doctor al que Emma sentía conocer, se acercó a la consola.
Miró el resultado, se ajustó los lentes y miró a Emma.
"Sus dos padres eran terrícolas?" preguntó.
"Bueno, sé que soy adoptada... pero ellos me dijeron que nunca supieron de mis padres biológicos"
Emma pudo jurar que una sonrisa se había dibujado en el rostro de aquel doctor.
"Ya veo." dijo, pero su tono de voz parecía más fingir sorpresa que expresarla.
Los doctores la dejaron ir, explicando que en su expediente sería catalogada como terrícola por cuestiones políticas. Algo harta de todo aquel ajetreo, Emma no puso mucha atención en sus explicaciones, y salió tan rápido como pudo hacia los dormitorios. Afuera la esperaba Zeke, con quién se fue.
El doctor la miraba irse, con cierta mirada triste "has crecido muy rápido, mi pequeña".
martes, 27 de septiembre de 2011
Impaciente por explorar las estrellas (3ra parte de Emma Blowgun)
"Han pasado 10 años desde que este proyecto empezó, desde que encontré el modo de diseñar el ADN de un ser humano solo parcialmente... La única duda en mi mente es ¿Qué debería regalarle a mi pequeña creación por su décimo cumpleaños?"
"Mmm, veamos, pilotos... pilotos, pilotos famosos" murmuraba Emma mientras sus dedos se deslizaban por la consola de búsqueda.
"James Kirk, famoso piloto de exploración" murmuró, extendiendo su búsqueda.
"William B. Shears" primer piloto bio-diseñado.
"Imogen Staubb" capitana del mejor escuadrón de la Guardia Terrestre, comandó por 10 años, participó en la defensa de Aurora en el año 2161."Wow... eso sí es aventura" murmuró, continuando.
"Ferdinand Kromer" Actual General de la Guardia Terrestre, tercer sucesor a Imogen Staubb. Primer General humano de la Guardia del siglo XXIII.
"Stephen Darkstar" piloto de la Armada Aurorana, el primer piloto bio-diseñado que logró ponerse al mando de un escuadrón humano. Murió el 7 de agosto de 2217, tiene una hija."Isobel Darkstar" murmuró leyendo la pequeña Emma, mirando distraída la fotografía de un piloto cubierto de ollín, o de carbón, quizás de tierra; cargando en sus hombros a una pequeña niña.
Sus ojos púrpuras se centraron en la leyenda debajo de la fotografía "Stephen Darkstar regresa a Aurora después de vencer a los habitantes del planeta Thakur en el intento de invasión; carga a su pequeña hija Isobel, de sólo 8 años." Emma se detuvo a mirar a la niña de la fotografía, y continuó leyendo "6 de julio de 2162".
Sus ojos brillaban por la luz de la consola, pero había en ellos otro brillo. Un brillo de ilusión, un brillo de desición.
Así, a los 10 años, Emma decidió que quería estudiar más acerca de los planetas y las estrellas de lo que las escuelas convencionales le permitían, y llegar a convertirse en una piloto, igual que aquellos héroes.
Siendo independiente como era, investigó la gran gama de escuelas que tenían un plan educativo a futuro que le interesaran. Ahí se topó con el Instituto de Aeronaútica William B. Shears; colegio especializado en vuelo y aeronaútica, como su nombre lo indicaba. Ahí podría ingresar a los 13 años, entrar a la clase especial a los 16 y a los 20 ya sería una piloto. Quizá capitana de una nave comercial, o piloto de alguna nave exploradora, tal vez estaría en algún escuadrón de la Guardia Terrestre, quizá pilotearía alguna nave de transporte. Lo que fuera, estaba a su alcanze.
Emma cerró los ojos y empezó a imaginarse a si misma parada enfrente de una enorme cantidad de naves: De combate, de exploración, de transporte, etcétera. Estaba tan hundida en su pequeña fantasía galáctica que no oyó a su padre caminar y detenerse detrás de ella.
"Emma" dijó él con voz suave
"Papá!" exclamó, abriendo sus ojos púrpura y dandose la vuelta para abrazarlo.
"Que haces?" preguntó su padre, besándole la frente
"Papi, quiero ir a esa escuela" dijo, señalando la pantalla.
"Un colegio de astronomía y aeronaútica?" dijo, leyendo " no me sorprende"
La cara de su padre se tornó un tanto solemne.
"Es un internado, Emma" dijo, en tono serio
"Que significa eso?" preguntó la pequeña
"Tendrás que irte a..." hizo una pausa mientras leía "Aurora, y quedarte ahí, supongo que vendrías en vacaciones, pero estarías alla el resto del año"
"Oh" dijo Emma, en tono triste
"Emma, estas segura que esto es lo que quieres?
"Si! Muy segura papi!" exclamó
"Bien, lo discutiremos con tu madre" dijo sonriendo "creo que puedes hacerlo"
"Gracias papi!"
"Bueno, es algo muy importante" dijo la madre de Emma, pensando
"Por favor mamá!" exclamó Emma
"Es un internado" dijo su padre
"Si, pero si eso es lo que quiere hacer y esa es la mejor escuela, lo peor que podemos hacer es negárselo" objetó la madre. Su padre asintió, pensándolo profundamente.
"Bueno, iremos a pedir informes y cuando tengas 13 años harás las pruebas"
"Siiiii!" gritó Emma, corriendo hacia su habitación "oíste eso Storm? Voy a ser piloto!"
Sus padres la miraron pasar corriendo, se miraron y sonrieron. Emma regresó corriendo con su pegaso, Storm, en los brazos.
"Gracias! Graciasgraciasgracias!" gritó, llena de emoción "Los amo!"
Dió un efusivo beso y abrazo a su madre, hizo lo mismo con su padre, y de nuevo salió corriendo, hacia el patio esta vez. Al día siguiente, en el calendario estaba marcada una fecha, "cinco días" pensó Emma "en cinco días veré mi futura escuela".
Sin embargo, los días pasaron como si fueran años para Emma, en la escuela no podía dejar de pensar en el futuro que le esperaba, imaginaba el Instituto como una enorme ciudad: llena de edificios y por supuesto jardines, pistas y muchísimas naves.
La noche anterior, acostada en su cama, Emma no podía dormir. "Mañana es el gran día Storm" mencionó al pequeño pegaso. Su mente estaba mas activa que nunca, no notó cuando se quedó dormida.
Era el día, ya había llegado. Emma se despertó al sonar la alarma del despertador, tomó a Storm y salió de su cuarto; extrañamente, no había ruido. "Se habrían quedado dormidos?" Emma hizo una mueca."Probablemente."
Entró a la habitación de sus padres muy tranquilamente, ambos seguían dormidos.
"No puedo creerlo" pensó. Caminó hacia el centro de la habitación, enfrente de la cama e inhaló profundamente.
"Hoy es el día!" exclamó, con todo el poder de sus pulmones. Sus padres despertaron exhaltados, Emma saltó a la cama, sin darles oportunidad de levantarse.
"Es el día! Es el día! Es el día!" gritaba, brincando en la cama.
"Emma, cariño" empezó a decir su padre. La niña detuvo su frenesí
"Si, papi?"
Su padre rió y su madre lo hizo también.
"Vamos cariño ¿Que quieres desayunar?" preguntó su madre, sentándose en la cama
"Mmmmmm, no sé" dijo Emma, dejándose caer en la cama, para sentarse con las piernas cruzadas.
"Ya sé, haré tu favorito. Panqueques" dijo su madre poniéndose una bata. En la cara de la niña se dibujó una sonrisa.
"Con moras auroranas?" preguntó
"Claro cariño".
Emma se levantó en un instante, saltó de la cama, y corrió fuera de la habitación con los brazos extendidos y el pegaso colgando en una mano, exclamando un "siiiiiii!!" que resonó por el pasillo.
La impaciente pequeña no podía esperar, cualquier retraso era inaceptable. Finalmente, después de unas horas de preparación y un viaje en auto, estaban frente a la nave que los llevaría a Aurora.
Emma, tomando con una mano la mano de su madre y con la otra a Storm, no podía creer lo que veía. Una enorme nave de color azul estaba ahí, a un metro de distancia.
"Wow" dijo la pequeña niña, completamente perpleja.
El abordaje fue algo fascinante para Emma, miraba por la ventana mientras su madre le abrochaba el cinturón.
"Cariño, si te mareas solo tienes que decirme ok?" Emma asintió
"Si mami"
El despeje de la nave hizo que Emma sintiera una pequeña presión las sienes, pero no le molestaba; en el asiento de atrás, su padre vomitaba.
Emma miró por la ventana todo el tiempo, completamente fascinada por la vista, hasta que por fin vió el planeta azul al que llegaban.
El aterrizaje no fue problema, ahora ya estaba mas cerca. Bajó de la nave tomando de la mano a su padre, miró al Capitán que esperaba al pie de la escalera de la nave, el Capitán sonrió y ella le profirió un saludo militar al que él respondió alegremente.
Aurora era extraña. Había una enorme cúpula de cristal que cubría hasta áreas fuera de la vista de Emma, los coches eran distintos y las construcciones parecían estar hechas de cristal, o de algún otro material reflejante.
Por la ventana podía ver a las personas. Eran parecidas a las personas que conocía, solo que más delgados, con caras alargadas y un poco más altos.
"Emma, ya llegamos" dijo su padre.
Hasta ahora había estado ocupada mirando por la ventana opuesta, que cuando se dió vuelta, vió la cosa más increíble que hubiera visto jamás.
Las enormes puertas se abrieron, dejando al coche entrar. Cuando se detuvo, bajaron del coche y agradecieron al conductor. Emma observaba atónita todo a su alrededor.
De pie, abrazando a Storm, Emma no daba crédito a todo lo que veía. Boquiabierta y con los ojos bien abiertos, parecía estar en un trance.
"Mmm, veamos, pilotos... pilotos, pilotos famosos" murmuraba Emma mientras sus dedos se deslizaban por la consola de búsqueda.
"James Kirk, famoso piloto de exploración" murmuró, extendiendo su búsqueda.
"William B. Shears" primer piloto bio-diseñado.
"Imogen Staubb" capitana del mejor escuadrón de la Guardia Terrestre, comandó por 10 años, participó en la defensa de Aurora en el año 2161."Wow... eso sí es aventura" murmuró, continuando.
"Ferdinand Kromer" Actual General de la Guardia Terrestre, tercer sucesor a Imogen Staubb. Primer General humano de la Guardia del siglo XXIII.
"Stephen Darkstar" piloto de la Armada Aurorana, el primer piloto bio-diseñado que logró ponerse al mando de un escuadrón humano. Murió el 7 de agosto de 2217, tiene una hija."Isobel Darkstar" murmuró leyendo la pequeña Emma, mirando distraída la fotografía de un piloto cubierto de ollín, o de carbón, quizás de tierra; cargando en sus hombros a una pequeña niña.
Sus ojos púrpuras se centraron en la leyenda debajo de la fotografía "Stephen Darkstar regresa a Aurora después de vencer a los habitantes del planeta Thakur en el intento de invasión; carga a su pequeña hija Isobel, de sólo 8 años." Emma se detuvo a mirar a la niña de la fotografía, y continuó leyendo "6 de julio de 2162".
Sus ojos brillaban por la luz de la consola, pero había en ellos otro brillo. Un brillo de ilusión, un brillo de desición.
Así, a los 10 años, Emma decidió que quería estudiar más acerca de los planetas y las estrellas de lo que las escuelas convencionales le permitían, y llegar a convertirse en una piloto, igual que aquellos héroes.
Siendo independiente como era, investigó la gran gama de escuelas que tenían un plan educativo a futuro que le interesaran. Ahí se topó con el Instituto de Aeronaútica William B. Shears; colegio especializado en vuelo y aeronaútica, como su nombre lo indicaba. Ahí podría ingresar a los 13 años, entrar a la clase especial a los 16 y a los 20 ya sería una piloto. Quizá capitana de una nave comercial, o piloto de alguna nave exploradora, tal vez estaría en algún escuadrón de la Guardia Terrestre, quizá pilotearía alguna nave de transporte. Lo que fuera, estaba a su alcanze.
Emma cerró los ojos y empezó a imaginarse a si misma parada enfrente de una enorme cantidad de naves: De combate, de exploración, de transporte, etcétera. Estaba tan hundida en su pequeña fantasía galáctica que no oyó a su padre caminar y detenerse detrás de ella.
"Emma" dijó él con voz suave
"Papá!" exclamó, abriendo sus ojos púrpura y dandose la vuelta para abrazarlo.
"Que haces?" preguntó su padre, besándole la frente
"Papi, quiero ir a esa escuela" dijo, señalando la pantalla.
"Un colegio de astronomía y aeronaútica?" dijo, leyendo " no me sorprende"
La cara de su padre se tornó un tanto solemne.
"Es un internado, Emma" dijo, en tono serio
"Que significa eso?" preguntó la pequeña
"Tendrás que irte a..." hizo una pausa mientras leía "Aurora, y quedarte ahí, supongo que vendrías en vacaciones, pero estarías alla el resto del año"
"Oh" dijo Emma, en tono triste
"Emma, estas segura que esto es lo que quieres?
"Si! Muy segura papi!" exclamó
"Bien, lo discutiremos con tu madre" dijo sonriendo "creo que puedes hacerlo"
"Gracias papi!"
"Bueno, es algo muy importante" dijo la madre de Emma, pensando
"Por favor mamá!" exclamó Emma
"Es un internado" dijo su padre
"Si, pero si eso es lo que quiere hacer y esa es la mejor escuela, lo peor que podemos hacer es negárselo" objetó la madre. Su padre asintió, pensándolo profundamente.
"Bueno, iremos a pedir informes y cuando tengas 13 años harás las pruebas"
"Siiiii!" gritó Emma, corriendo hacia su habitación "oíste eso Storm? Voy a ser piloto!"
Sus padres la miraron pasar corriendo, se miraron y sonrieron. Emma regresó corriendo con su pegaso, Storm, en los brazos.
"Gracias! Graciasgraciasgracias!" gritó, llena de emoción "Los amo!"
Dió un efusivo beso y abrazo a su madre, hizo lo mismo con su padre, y de nuevo salió corriendo, hacia el patio esta vez. Al día siguiente, en el calendario estaba marcada una fecha, "cinco días" pensó Emma "en cinco días veré mi futura escuela".
Sin embargo, los días pasaron como si fueran años para Emma, en la escuela no podía dejar de pensar en el futuro que le esperaba, imaginaba el Instituto como una enorme ciudad: llena de edificios y por supuesto jardines, pistas y muchísimas naves.
La noche anterior, acostada en su cama, Emma no podía dormir. "Mañana es el gran día Storm" mencionó al pequeño pegaso. Su mente estaba mas activa que nunca, no notó cuando se quedó dormida.
Era el día, ya había llegado. Emma se despertó al sonar la alarma del despertador, tomó a Storm y salió de su cuarto; extrañamente, no había ruido. "Se habrían quedado dormidos?" Emma hizo una mueca."Probablemente."
Entró a la habitación de sus padres muy tranquilamente, ambos seguían dormidos.
"No puedo creerlo" pensó. Caminó hacia el centro de la habitación, enfrente de la cama e inhaló profundamente.
"Hoy es el día!" exclamó, con todo el poder de sus pulmones. Sus padres despertaron exhaltados, Emma saltó a la cama, sin darles oportunidad de levantarse.
"Es el día! Es el día! Es el día!" gritaba, brincando en la cama.
"Emma, cariño" empezó a decir su padre. La niña detuvo su frenesí
"Si, papi?"
Su padre rió y su madre lo hizo también.
"Vamos cariño ¿Que quieres desayunar?" preguntó su madre, sentándose en la cama
"Mmmmmm, no sé" dijo Emma, dejándose caer en la cama, para sentarse con las piernas cruzadas.
"Ya sé, haré tu favorito. Panqueques" dijo su madre poniéndose una bata. En la cara de la niña se dibujó una sonrisa.
"Con moras auroranas?" preguntó
"Claro cariño".
Emma se levantó en un instante, saltó de la cama, y corrió fuera de la habitación con los brazos extendidos y el pegaso colgando en una mano, exclamando un "siiiiiii!!" que resonó por el pasillo.
La impaciente pequeña no podía esperar, cualquier retraso era inaceptable. Finalmente, después de unas horas de preparación y un viaje en auto, estaban frente a la nave que los llevaría a Aurora.
Emma, tomando con una mano la mano de su madre y con la otra a Storm, no podía creer lo que veía. Una enorme nave de color azul estaba ahí, a un metro de distancia.
"Wow" dijo la pequeña niña, completamente perpleja.
El abordaje fue algo fascinante para Emma, miraba por la ventana mientras su madre le abrochaba el cinturón.
"Cariño, si te mareas solo tienes que decirme ok?" Emma asintió
"Si mami"
El despeje de la nave hizo que Emma sintiera una pequeña presión las sienes, pero no le molestaba; en el asiento de atrás, su padre vomitaba.
Emma miró por la ventana todo el tiempo, completamente fascinada por la vista, hasta que por fin vió el planeta azul al que llegaban.
El aterrizaje no fue problema, ahora ya estaba mas cerca. Bajó de la nave tomando de la mano a su padre, miró al Capitán que esperaba al pie de la escalera de la nave, el Capitán sonrió y ella le profirió un saludo militar al que él respondió alegremente.
Aurora era extraña. Había una enorme cúpula de cristal que cubría hasta áreas fuera de la vista de Emma, los coches eran distintos y las construcciones parecían estar hechas de cristal, o de algún otro material reflejante.
Por la ventana podía ver a las personas. Eran parecidas a las personas que conocía, solo que más delgados, con caras alargadas y un poco más altos.
"Emma, ya llegamos" dijo su padre.
Hasta ahora había estado ocupada mirando por la ventana opuesta, que cuando se dió vuelta, vió la cosa más increíble que hubiera visto jamás.
Las enormes puertas se abrieron, dejando al coche entrar. Cuando se detuvo, bajaron del coche y agradecieron al conductor. Emma observaba atónita todo a su alrededor.
De pie, abrazando a Storm, Emma no daba crédito a todo lo que veía. Boquiabierta y con los ojos bien abiertos, parecía estar en un trance.
Un pegaso y una estrella (Parte II de la serie de Emma Blowgun)
Y así, la pequeña niña de ojos púrpura se fue a vivir en una casa pequeña con sus padres, en una zona privilegiada. Desde pequeña, sus padres la adoraron; la vestían con atuendos lindos y coloridos, para entonces un mechón plateado ya habitaba su cabeza. Ese mechón fue cortado con sumo cuidado, y dió paso a más cabello que crecía como el pasto, hasta que su pequeña cabeza quedó completamente cubierta de finos cabellos azul-plateado.
Parecía, desde tan corta edad, interesarse mucho en el mundo a su alrededor; mantenía los ojos muy abiertos a donde quiera que la cargaran, observaba las caras de las personas nuevas, con frecuencia miraba al cielo, le gustaba escuchar música tranquila cuando dormía, se entretenía fácilmente y reía mucho. Su padre la llenaba de besos, y su madre, de cuidados.
Era una bebé muy tranquila.
Emma dió sus primeros pasos prematuramente, tenía juguetes y peluches, pero desde pequeña su favorito fue un pequeño pegaso blanco de peluche, un regalo de su primer año; el peluche venía en una caja morada, sin etiqueta. Estaba en la mesa de regalos junto a los otros, pero los padres de Emma nunca supieron quién lo dejó ahí; suponieron que habría sido de un familiar que no había podido quedarse y se lo dieron a la pequeña.
Desde entonces, Emma llevó al pegaso a dormir cada noche en su cama, jugaba con él y lo cargaba cuando caminaba por la casa.
Su primera palabra, a cuenta de que su padre le leía constantemente sobre las constelaciones, fue "estrella". Ambos padres estaban presentes cuando la dijo, y después de la sorpresa inicial, una momentánea desilusión se hizo visible en sus caras; esperaban que como todo niño, su primera palabra fuera "mamá" o "papá". Pero Emma no era como cualquier niño, ella era especial, había nacido literalmente para ser especial; y el doctor que miraba la escena desenvolviéndose detrás de una pantalla lo sabía.
Aún así, sus padres tomaron muy gratamente la palabra de los labios de la personita a la que amaban más, los ojos de ambos se llenaron de orgullo y su padre la levantó instantanemente de la silla en la que estaba sentada, alzandola en brazos hasta el punto mas alto en que podían extenderse, hasta que la pequeña niña casi rozaba el techo de la casa, el hombre empezó a dar vueltas mientras la cargaba; en esa posición, en lugar de mostrar miedo, la niña soltó una risa genuina, feliz, una risa pura.
El tiempo pasó y la niña creció, más palabras llenaron su vocabulario, empezando con "mamá" y "papá". Ahora la niña corría por el jardín, jugaba, se ensuciaba, iba a la escuela y convivía con los niños que vivían en las casas cercanas a la suya; aún así, había algo en ella que la hacía brillar de entre los demás pequeños, y no era precisamente su color de cabello o de ojos tan inusual, aunque eso parecía siempre sorprender tanto a los niños como a sus padres.
Era una líder nata, guiando una vez a un grupo de 10 niños a un jardín situado dentro de su escuela, en un área solo accesible para los trabajadores. Los maestros, notando la falta de niños en el salón, emprendieron la búsqueda por sus alumnos, solo para encontrarlos al final del día, jugando y divirtiéndose en aquel jardín.
Emma fue hallada sola, sentada enfrente de lo que parecía ser un conejo durmiente.
"Emma" dijo dulcemente la educadora "ven aqui".
Emma volteó a verla con un par de ojos inundados por lágrimas
"No se mueve" respondió ignorando la petición de la maestra, con una voz a punto de quebrarse
"Oh, cariño" le respondió la maestra, a tiempo que se sentaba junto a ella "estará bien"
"No se mueve!" volvió a decir la niña, gritando en desesperación, un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.
Esa fue la primera vez que Emma experimentó la sensación de pérdida.
La educadora la tomó de la mano y la llevó a la puerta del colegio, su madre ya había sido llamada para recogerla y sus cosas ya le habían sido entregadas. La niña seguía mirando hacía atrás, al lugar donde aun yacía el conejo, llorando, preguntándose por que la maestra parecía mostrar ningún interés hacía la pobre criatura. Volteó solo cuando escuchó la voz de su madre, e instantáneamente se impulsó hacía ella, abrazándose a sus piernas, con lágrimas aun surcando su pequeña cara.
Conforme pasaron los años, Emma tuvo que superar que algunos niños la molestaran por su cabello, a algunos otros no parecía molestarles en absoluto; y eso daba a Emma una sensación agradable. Fue desempeñandose en los estudios, siendo creativa, activa y muy curiosa. Sus padres no podían estar más orgullosos, aunque Emma fuera un poco conflictiva a veces. Sus padres contaban con los dedos de las palmas de ambos las veces que habían sido llamados a la escuela por alguna riña, Emma no era ninguna abusiva, pero no se dejaba intimidar.
Sobre todo, Emma creció siendo una niña con gustos muy definidos, le gustaba mirar al cielo, observaba las estrellas tumbada en el jardín, sola o con su padre. Le fascinaban las constelaciones, leía constantemente acerca de las galaxias cercanas y los planetas vecinos, se preguntaba como era que la humanidad había logrado llegar hasta sitios tan remotos. También leía mucho sobre las nubes, las aves, las mariposas... su padre solía decir que Emma tenía la cabeza plantada en el cielo.
Parecía, desde tan corta edad, interesarse mucho en el mundo a su alrededor; mantenía los ojos muy abiertos a donde quiera que la cargaran, observaba las caras de las personas nuevas, con frecuencia miraba al cielo, le gustaba escuchar música tranquila cuando dormía, se entretenía fácilmente y reía mucho. Su padre la llenaba de besos, y su madre, de cuidados.
Era una bebé muy tranquila.
Emma dió sus primeros pasos prematuramente, tenía juguetes y peluches, pero desde pequeña su favorito fue un pequeño pegaso blanco de peluche, un regalo de su primer año; el peluche venía en una caja morada, sin etiqueta. Estaba en la mesa de regalos junto a los otros, pero los padres de Emma nunca supieron quién lo dejó ahí; suponieron que habría sido de un familiar que no había podido quedarse y se lo dieron a la pequeña.
Desde entonces, Emma llevó al pegaso a dormir cada noche en su cama, jugaba con él y lo cargaba cuando caminaba por la casa.
Su primera palabra, a cuenta de que su padre le leía constantemente sobre las constelaciones, fue "estrella". Ambos padres estaban presentes cuando la dijo, y después de la sorpresa inicial, una momentánea desilusión se hizo visible en sus caras; esperaban que como todo niño, su primera palabra fuera "mamá" o "papá". Pero Emma no era como cualquier niño, ella era especial, había nacido literalmente para ser especial; y el doctor que miraba la escena desenvolviéndose detrás de una pantalla lo sabía.
Aún así, sus padres tomaron muy gratamente la palabra de los labios de la personita a la que amaban más, los ojos de ambos se llenaron de orgullo y su padre la levantó instantanemente de la silla en la que estaba sentada, alzandola en brazos hasta el punto mas alto en que podían extenderse, hasta que la pequeña niña casi rozaba el techo de la casa, el hombre empezó a dar vueltas mientras la cargaba; en esa posición, en lugar de mostrar miedo, la niña soltó una risa genuina, feliz, una risa pura.
El tiempo pasó y la niña creció, más palabras llenaron su vocabulario, empezando con "mamá" y "papá". Ahora la niña corría por el jardín, jugaba, se ensuciaba, iba a la escuela y convivía con los niños que vivían en las casas cercanas a la suya; aún así, había algo en ella que la hacía brillar de entre los demás pequeños, y no era precisamente su color de cabello o de ojos tan inusual, aunque eso parecía siempre sorprender tanto a los niños como a sus padres.
Era una líder nata, guiando una vez a un grupo de 10 niños a un jardín situado dentro de su escuela, en un área solo accesible para los trabajadores. Los maestros, notando la falta de niños en el salón, emprendieron la búsqueda por sus alumnos, solo para encontrarlos al final del día, jugando y divirtiéndose en aquel jardín.
Emma fue hallada sola, sentada enfrente de lo que parecía ser un conejo durmiente.
"Emma" dijo dulcemente la educadora "ven aqui".
Emma volteó a verla con un par de ojos inundados por lágrimas
"No se mueve" respondió ignorando la petición de la maestra, con una voz a punto de quebrarse
"Oh, cariño" le respondió la maestra, a tiempo que se sentaba junto a ella "estará bien"
"No se mueve!" volvió a decir la niña, gritando en desesperación, un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.
Esa fue la primera vez que Emma experimentó la sensación de pérdida.
La educadora la tomó de la mano y la llevó a la puerta del colegio, su madre ya había sido llamada para recogerla y sus cosas ya le habían sido entregadas. La niña seguía mirando hacía atrás, al lugar donde aun yacía el conejo, llorando, preguntándose por que la maestra parecía mostrar ningún interés hacía la pobre criatura. Volteó solo cuando escuchó la voz de su madre, e instantáneamente se impulsó hacía ella, abrazándose a sus piernas, con lágrimas aun surcando su pequeña cara.
Conforme pasaron los años, Emma tuvo que superar que algunos niños la molestaran por su cabello, a algunos otros no parecía molestarles en absoluto; y eso daba a Emma una sensación agradable. Fue desempeñandose en los estudios, siendo creativa, activa y muy curiosa. Sus padres no podían estar más orgullosos, aunque Emma fuera un poco conflictiva a veces. Sus padres contaban con los dedos de las palmas de ambos las veces que habían sido llamados a la escuela por alguna riña, Emma no era ninguna abusiva, pero no se dejaba intimidar.
Sobre todo, Emma creció siendo una niña con gustos muy definidos, le gustaba mirar al cielo, observaba las estrellas tumbada en el jardín, sola o con su padre. Le fascinaban las constelaciones, leía constantemente acerca de las galaxias cercanas y los planetas vecinos, se preguntaba como era que la humanidad había logrado llegar hasta sitios tan remotos. También leía mucho sobre las nubes, las aves, las mariposas... su padre solía decir que Emma tenía la cabeza plantada en el cielo.
Emma Blowgun y el pasado
Lo que sigue es el nacimiento de un nuevo proyecto que he tenido en mente, está influido por música, por algunas películas, por cómics, pero sobre todo por la obra futurista de Isaac Asimov; aunque no puedo decir que esto le llegue siquiera a los talones a lo que él escribió. Pero espero honestamente que les guste. He tenido la historia fluyendo y desarrollandose en mi mente por algun tiempo... hasta el punto que lo único que queda incierto es el descenlace y los detalles mínimos. Pero ya no puedo retenerlo mas en mi cabeza, no puedo ser asi de egoísta. También incluiré una lista de música que me haya servido de inspiración para escribir cada pedazo de la historia. Disfruten y no duden en darme su opinión o crítica (constructiva).
Por siglos la humanidad se había dedicado a encontrar la manera de hacer a un individuo mejor, o mejor dicho, de fabricarlo mejor. Miles y miles de pruebas se han hecho tratando de alargar la vida, detener el envejecimiento, de enmendar los errores por siempre grabados en nuestro ADN...
Hasta que lo lograron.
Lograron bio-diseñar un nuevo tipo de humano, uno mejor, sin los errores y barreras evolucionarias que impedían a la humanidad alcanzar todo su potencial. Y después de ese primer humano, vinieron otros; muchos más.
Después de eso se enfocaron el bio-diseñar humanos en areas especificas, asi se bio-diseñaron hombres con desarrollo muscular alto, para convertirlos en obreros; hombres con vista superior, para que fueran francotiradores, incluso se modificó su psique para que tuvieran la mínima cantidad de emoción posible y su aspecto para que fueran todos prácticamente irreconocibles los unos de los otros.
Entonces, un científico puso sus manos a la obra en un nuevo proyecto; un humano parcialmente bio-diseñado, un simple conejillo de indias para saber como se desempeñaría entre los demás humanos completamente fabricados, para saber que efecto tendrían las pequeñas inperfecciones de su obra en su entorno.
Puso en su código genético habilidades motrices superiores, vista más aguda, reflejos más rápidos, inteligencia sobre el promedio, un metabolismo rápido y una resistencia inigualable; entonces los mezcló con un ADN no alterado, pero completamente sano. Selló todo entonces con la esperanza de que su proyecto trayera balance al mundo. Tendría la inperfección emotiva en un cuerpo fabricado, lo que lo separaría de los bio-diseñados; y tendría una alteración física, lo que lo separaría de verse completamente como los humanos normales.
De aquel experimento, inesperadamente, surgió una niña. Sus pequeños ojos eran de un brillante púrpura y aunque aun no tenía cabello cuando nació, el doctor sabía que la alteración se dejaría ver con el tiempo.
Se la dió en "adopción" a una pareja infértil, sabiendo que un entorno humano normal ayudaría a que floreciera el lado mas natural de la niña, pero se le estudiaría muy de cerca, dándole lugar en las mejores escuelas del mundo, para cultivarla con lo mejor del conocimiento de la Tierra moderna, para guiarla con una mano invisible hacia lo que sería su destino.
Sus padres la llamaron Emma, Emma Blowgun...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)